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domingo, 17 de diciembre de 2017

Libros (relatos).- Murillo: retratos de un genio (Ediciones Perímetro, 2017)


Libros (relatos).- Murillo: retratos de un genio


En el 400 aniversario del nacimiento de Murillo, la vida y la obra del genio sevillano sigue estando repleta de mensajes.
En este volumen se recogen relatos sobre el pintor escritos por autores muy diferentes, pero que tienen en común la pasión y la capacidad para narrar un pasado excitante y desconocido.
Se trata, en definitiva de ofrecer al lector una serie de visiones de la vida y de la obra de Murillo, en ráfagas fugaces, que nos transporten a momentos determinantes y enigmáticos, para que podamos comprender el valor y el alcance de su trayectoria vital y artística.

Autores
Elena Marqués (Sevilla, 1968), licenciada en Filología Hispánica, comienza su andadura literaria en 2010, cuando ganó el certamen de relato corto «Paso del Estrecho» y obtuvo el tercer premio en el «Poemas sin rostro». Desde entonces ha continuado escribiendo y recibiendo premios, como el «San Jorge» de Madrigueras (2011), de relato corto; el «Ciudad de Huesca» (2011); el «Concha de luz» (dos veces consecutivas); el I Concurso de Cuentos «Salvemos el Palais Concert»; el V Certamen Literario del Agua; el I Certamen de Poesía Social de León; el VIII Premio Internacional Vivendia-Villiers; el XXVII Certamen Literario «Villa de Navia»; el XX Certamen de Relatos de la Fundación Gaceta; y el «Álvaro de Tarfe» de Poesía. Autora de las novelas El último discurso del General Santibáñez, Versos perversos en la cubierta azul del Mato Grosso y El largo camino de tus piernas (accésit en el IV Certamen Internacional de Novela Corta «Giralda»), así como de los libros de relatos La nave de los locos y Distintas formas de ir a la deriva y el poemario Lo sublime y el frío, participa en algunas revistas y mantiene la página www.desde-mi-ventana.es, en la que realiza reseñas sobre los libros que lee.
Carmen Pita García (Alicante) es licenciada en Filología Hispánica y profesora de Enseñanza Secundaria. He participado en las siguientes antologías de relatos: Cuentos en tinta china, 2014. Teresa y el camino, Ávila, 2015. Relatos breves 2015. Selección ganadores del I Concurso de Relato Breve Casa del Libro. Ediciones Tagus. Mujeres en la Historia (3). La Ilustración. M.A.R. Editor, 2016. Casa de fieras. Antología de mujeres malas. M.A.R. Editor, 2016.
Jaime Covarsí. Escritor extremeño, cursó sus estudios universitarios y posterior doctorado en Filología Hispánica en la Universidad de Sevilla, donde ha ejercido la docencia hasta el año 2006. Actualmente, es profesor de secundaria. Su tesis doctoral consistió en la traducción y estudio de un tratado amoroso occitano medieval: el Roman de Flamenca, que obtuvo el Premio Extraordinario de Tesis Doctoral de la Universidad de Sevilla, y que está publicado en la Universidad de Murcia. Además, posee numerosas publicaciones, colaboraciones y ponencias en el campo de la literatura medieval y renacentista. Asimismo, cuenta con otras publicaciones de novelas, poemarios y libros de relatos entre los que destacan El bastón de avellano, Las confesiones del apócrifo Cervantes, Las cartas de Esquivias, Mano a mano o El mal necesario.
Eva Márquez, licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, cursa los estudios de doctorado de Literatura Hispanoamericana y es profesora de secundaria. Gran aficionada al teatro, participa en el grupo de teatro de filología durante la carrera. Colabora en el periódico El Faro con el artículo Ser lo que éramos, 2006. Contribuye en los libros Telegramas en Domingo, de Javier Mariscal, 2011 Edit. Conteros y Antiprimavera (Esperando a Bukowski), de Miriam Nisa, 2013 Edit. Kronos, no solo en la realización de sus prólogos, sino en la presentación y divulgación en la Casa de la Provincia de Sevilla, Teatro Imperdible y Casa del libro, invitando al público a colaborar en charlas literarias, lo que ella llama, presentar es crear. Participa en una antología de cuentos, Cuántos cuentos!, Fundación Morera & Vallejo, 2013. Acaba de publicar Quedamos en el XVII, Teatro barroco adaptado, 2017, TAU Editores. Su último trabajo, Entre calles, una serie de treinta y dos relatos cortos, a la espera de su inminente publicación.
Javier Fornell (Cádiz, 1978) es doctor en Historia por la Universidad de Cádiz y especializado en Historia bajomedieval andaluza. Autor del libro Linajes gaditanos en la Baja Edad Media. Breve estudio de la oligarquía local, Universidad de Cádiz (2010). También ha estado al cargo de la edición del libro Historia del Puerto de Santa María desde su incorporación a los dominios cristianos en 1259 hasta el año mil ochocientos, de Hipólito de Sancho de Sopranis, Universidad de Cádiz (2007). Entre sus obras de ficción destacan Llamadme Cabrón. Historia de un pirata, de Ediciones Mayi (2010), y su segunda parte, Lanza y Oro, también publicado por Ediciones Mayi (2013). Con su tercera novela, El asesino de la lista, publicada por Cazador de Ratas (2017) dio un giro a su estilo narrativo para adentrarse en una novela psicológica con tintes policíacos.
Andrés Nadal (Barcelona, 1960) se encontró a los 13 años con el libro Tartessos de Schulten. Ese libro marcó su determinación de estudiar historia y especializarse en la antigüedad. También determinó su interés en Andalucía, donde reside desde hace años. Mientras estudiaba Historia cursó Antropología, y se especializó en la antigua religión de Israel. Antes de vivir en Sevilla visitó Andalucía con las excusas más extrañas: anillar pájaros en Doñana, llevar a grupos de americanos por la judería de Córdoba, participar en rutas botánicas... Llegó a compartir el mismo asombro que los escritores antiguos por el inmenso patrimonio natural y cultural de esta tierra. Se dedica profesionalmente a la literatura, escribiendo, desarrollando proyectos literarios, asesorando a editoriales y a organismos públicos y organizando eventos literarios. En los últimos años ha publicado Animación en la bibliotecas mediante nuevas tecnologías y filosofía social, La riqueza de Andalucía: de Isbaal a Tiro, La legión de los justos y El ladrón de murillos.
Valeria Lorenzo (Huelva, 1998) es escritora desde que recuerda. Auxiliar de biblioteca, estudia Escritura Creativa de forma ininterrumpida desde 2007 y es la responsable del Club de Lectura Calíope. Ha colaborado en los de relatos Sueño de Latitudes (Diputación Provincial de Sevilla), Diez Líneas (Diputación Provincial de Sevilla) y Borrón y Cuento Nuevo (Universidad de Sevilla). Ha recibido diversos premios literarios como el primer premio relato corto 2004 de la Asociación AMFE Castilleja de la Cuesta, segundo premio relato corto 2005 de la Asociación AMFE Castilleja de la Cuesta, primer premio relato corto 2007 de la Asociación AMFE Castilleja de la Cuesta y el premio especial XVI Concurso de Cuentos Cortos de la Delegación de Políticas de Igualdad Ayuntamiento de Bormujos.
Sara Esturillo (Granada, 1991) es editora, historiadora y máster en Estudios Literarios. Ha trabajado como coordinadora de las Jornadas de Novela Histórica de Granada y como editora de Los Libros de la Catarata. Actualmente, compagina su actividad como editora independiente con la participación en la redacción de la revista Tártarus de literatura de fantasía y ciencia-ficción, así como en el programa literario Despierta Sherezade, de Radio Getafe. Ha publicado algunos trabajos de divulgación histórica en la revista digital Témpora Magazine. Su trabajo teórico, Lo que pudo ser en lo que fue: respuesta a las problemáticas de la novela histórica en la actualidad, está disponible en Bubok editorial. El relato de la presente antología es su primer trabajo literario publicado.

domingo, 10 de diciembre de 2017

ABC de Sevilla (10.XII.2017).- Murillo: el pintor mejor cotizado de su siglo, por encima de Diego Velázquez


Murillo: el pintor mejor cotizado de su siglo, 
por encima de Diego Velázquez


JESÚS MORILLO, Sevilla 10/12/2017


No es ningún secreto que Bartolomé Esteban Murillo fue uno de los artistas más valorados de su tiempo, con numerosos encargos en Sevilla, algunos de ellos del esplendor del retablo de Capuchinos que exhibe desde hace dos semanas al completo el Bellas Artes de Sevilla. Lo que se desconocía hasta la fecha es que el artista sevillano fue el mejor pagado del siglo XVII, superando la cotización de sus obras a las de contemporáneos como Diego Velázquez, Alonso Cano y Francisco de Zurbarán.
Esta es una de las conclusiones que aporta el primer volumen del «Corpus Murillo», del historiador del arte y conservador de museos Pablo Hereza, cuyo primer volumen consagrado a la biografía y documentos del pintor acaba de publicar el Ayuntamiento de Sevilla con motivo del Año Murillo, que conmemora los cuatro siglos de su nacimiento. A este seguirán otros dos volúmenes, con el catálogo razonado de pinturas y dibujos que se publicarán, el primero, a finales del próximo año y, el segundo, en 2020. De esta forma, el pintor contará con un «corpus» similar al que cuentan Velázquez o Zurbarán, y que permitirá, según su autor, «construir un Murillo no historiográfico, sino histórico, sin juicios de valor».
Este primer volumen presenta una biografía de Murillo realizada a partir de la revisión de un corpus documental de 262 noticias revisadas y analizadas, entre ellas 26 inéditas, que han permitido «corregir errores y abrir nuevas vías de investigación», explica el historiador sobre el fruto de una década de trabajo.

«Autorretrato» de Murillo - ABC

Una de esas vías, que ayuda a definir la figura de del pintor, es la comparativa de las cotizaciones de las obras de los grandes artistas barrocos y que muestran a Murillo como el artista más cotizado de su tiempo. Según recoge este investigador, este llegó a cobrar por una vara cuadrada de su pintura —una superficie de unos 84 centímetros por cada lado— de 600 a 800 reales en su periodo central. Frente a estas cifras, Zurbarán cobró unos 200 reales por vara cuadrada por las pinturas que realizó para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid; mientras que Alonso Cano percibió 388 reales por vara en el lienzo de los Reyes Católicos para el Alcázar; y Velázquez obtuvo unos 330 reales por «El aguador de Sevilla», de poco más de una vara.

Dominio del mercado

Estos precios, explica este investigador, presentan a un pintor que «dominó el mercado sevillano» y superó «en muchos casos a los principales pintores de la corte», lo que se explica, «más allá de las excelencias artísticas equiparables», por la «independencia comitencial» de Murillo, es decir, por la libertad creativa que supo ganarse con su pintura, que supo vender no tanto como arte sino como «un medio de comunicación espiritual».
Esta libertad se manifiesta en que si bien no podía rechazar los grandes encargos de la Catedral o los conventos, sí podía, además de seleccionar los privados, «negociar» con sus contratistas para «tratar de que prevalecieran sus criterios artísticos». Es el caso, añade el historiador, del encargo que le realizó un canónigo para la sacristía de Catedral de Sevilla. Este le pidió dos cuadros que representaran a dos arzobispos cada uno y al final se impuso la idea de Murillo de que las obras representaran a San Leandro y San Isidoro.
Esas altas cotizaciones de Murillo, continúa, son resultado también de su rechazo a las reproducciones inconográficas de taller y encargos seriados. «De su taller no salen obras que no fueran excelentes». A lo que se suma su independencia de gremios e intereses cortesanos, que sí ataban a Velázquez o Alonso Cano, y que determinaban a la baja sus precios. «Con todos estos rechazos, Murillo se posiciona como un artista que, con un extraordinario dominio curricular, controla su prestigio y exclusividad».

Inversión de riesgo

«Murillo pide lo que cree que valen sus obras. Su posición de venta es desde la excelencia más absoluta. Pertenece a la Hermandad de la Santa Caridad y cuando pinta los cuadros le pide a Miguel de Mañara unas cantidades increíbles. Eso es una muestra de su dignidad pictórica», señala.
La venta de sus obras permitió a Murillo tener la independencia de una posición desahogada, a la que contribuyeron también la gestión de sus bienes inmobiliarios en Sevilla y propiedades en Pilas, de donde era su esposa, Beatriz de Cabrera. Además, el excedente monetario que tiene lo invierte en la carrera de Indias, que da intereses entre el 60 y el 90% de lo invertido y ganancias en plata americana. Un negocio, sin embargo, con alto nivel de riesgo, que le llevará en un momento de falta de liquidez a pasar por la cárcel.
Hereza mantiene que la atención del pintor a todas estas fuentes de ingresos no responde a que fuera un «tiburón económico. Si hubiese querido hacer dinero, se hubiera dedicado a la pintura de género, que se la hubieran quitado de las manos en el extranjero. La obsesiónde Murillo, húerfano y que venía de una familia amplia, era, en cambio, que su familia tuviera un bienestar y evitar que cayera en la amenaza constante de la pobreza».
Otros rasgos del carácter del pintor que destaca el historiador en su biografía es su religiosidad, marcada por los franciscanos y Mañara, que le llevan a entender la religión como «una acción social» o su rechazo de las pretensiones nobiliarias que tuvieron contemporáneos suyos como Velázquez. «No tiene vanidades barrocas, sino que se sentía como un eslabón de la historia de Sevilla, un artista que no hubiese sido Murillo de no haber nacido o permanecido en la ciudad». En esa necesidad de «devolver lo que puede» inscribe Pablo Hereza su papel en la creación de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, ya que «entiende que lo mejor que puede hacer por los pintores es mejorar su formación».
Estos y otros muchos detalles que este historiador plantea en su biografía dibujan «una de las personalidades más respetadas e íntegras del seiscientos sevillano, basada simplemente en la normalidad vital, en profundas convicciones religiosas y en la independencia intelectual y profesional, fórmula para una obra extraordinaria que no dejó indiferente a su generación ni a las posteriores».







sábado, 9 de diciembre de 2017

Libros.- Benito NAVARRETE PRIETO: “Murillo y las metáforas de la imagen”

Libros.- Benito NAVARRETE PRIETO: “Murillo y las metáforas de la imagen”

Murillo desde Murillo

 Benito Navarrete ofrece en su último libro desconocidos perfiles del pintor, quien se sirvió de la religión para prosperar, se vio envuelto en turbios negocios y pisó la cárcel por un impago


                              El libro, con su autor de fondo. /
http://www.diariodesevilla.es/ocio/Murillo_0_1191481554.amp.html
 

Lo difícil no es Murillo, que se defiende solo, sino explicar el complejo enigma que bombea la pintura de Murillo. Y lo difícil es, sobre todo, darle su sitio exacto en la Historia del Arte más allá del fabuloso territorio barroco que levantó con ingredientes propios. Más allá de la escenografía templada de la religión. Más allá del cortocircuito de las escenas populares. Pero también más adentro, en los pasadizos del creador incalculable y del explorador de obsesiones... ¿Pero en verdad qué fue Murillo? ¿Qué hay bajo ese genio con encajes de santurrón? ¿Cómo logró hacer de la fama su destino?


  • El autor propone cuatro nuevas atribuciones, entre ellas el retrato del Padre Contreras

Poner al día el rastro del genio es la principal apuesta en el libro Murillo y las metáforas de la imagen de Benito Navarrete (Jerez, 1970), quien lleva años intentando descifrar qué sucede con el pintor, a qué huele la superficie de sus lienzos, de dónde proviene ese aire más allá del viento que envuelve a sus Inmaculadas… Al artista le ha dedicado el profesor de la Universidad de Alcalá la vida y sus dioptrías, sus entusiasmos, sus fatigas. Él sabe bien que Murillo es la cumbre de un enigma: han pasado cuatro siglos de su muerte y el tiempo no ha desfondado su intensidad.

La pintura es aquí, por tanto, el lugar desde el que derramar todo lo demás. El territorio impetuoso de las revelaciones. "Lo que nos emociona de Murillo es el proceso por el cual lo que construye lo transforma en belleza gracias a la estética de la agudeza, que conmueve los sentidos y llega a lo más profundo del que lo contempla, bien por la perfección técnica, bien por la construcción de la representación", explica Navarrete, quien ha armado en su trabajo -publicado por Cátedra- un ensayo sobre la recepción de las obras del pintor, desde el siglo XVII a la actualidad.

Así, lo que le queda de Murillo al lector en este viaje a través de la cultura visual es un artista de contornos más sombríos. Pespunteado de genio y ambición. Con apetito por muchas cosas. "Murillo se encargó de gestionar su propia fama y lo hacía de forma premeditada", señala Navarrete, quien le atribuye, incluso, cierta premeditación en la imagen de humildad y virtud que de él se encargaron de atornillar con sus juicios Torres Farfán, Palomino y Ceán Bermúdez, entre otros. "Todo era una estrategia del pintor que poco o nada tenía que ver con la realidad", recalca.

Por ejemplo, en opinión del autor de Murillo y las metáforas de la imagen, "el elemento religioso fue uno de los principales hechos de los que se valió para proyectarse tanto en la sociedad como en el medio artístico". Así, su participación en la cofradía del Rosario desde 1644 y de la Caridad desde 1665 no se debe sólo a la profesión de su fe sino a un evidente interés profesional, cuando no mercantil, tal como demuestra su dedicación a alquilar túnicas de luz y de sangre para la estación de penitencia de la hermandad de Montesión el Jueves Santo de 1657 por valor de 572 reales de vellón.


'Las lágrimas de San Pedro'. /
Otro aspecto hasta ahora desconocido que revela ese Murillo más en penumbra es su extremo interés en tener invertido su dinero para intentar conseguir rápidos beneficios. Esta circunstancia le jugó, incluso, alguna mala pasada. Como revela Navarrete en su trabajo siguiendo las averiguaciones de Pablo Hereza, el artista ingresó en la Cárcel Real el 15 de octubre de 1655 por estar sin liquidez a causa de sus fuertes inversiones en la Carrera de Indias y no poder cumplir los pagos al Cabildo de la Catedral por el alquiler de una casa frente al monasterio de Madre de Dios. El pintor fue "preso por los maravedíes que debe y estar el tal muy pobre", se recoge documentalmente.

En este "ensayo subjetivo" armado por Navarrete también queda el perfil de Murillo como "un artista anacrónico", dado que el poder de sus imágenes, mantenido en el tiempo gracias a la memoria que se ha configurado en torno a ellas, ha hecho más importantes a esas representaciones que a las circunstancias en las que fueron creadas. Tal onda expansiva es la que lleva a un canónigo de la Catedral a encargarle los retratos de santos a los que tiene particular devoción para que ésta llegue a popularizarse. O al mismísimo Franco, quien convirtió en "asunto de Estado" el retorno a España de la Inmaculada de los Venerables por tratarse de "una reliquia".


El retrato del venerable Padre Contreras. /
El libro Murillo y las metáforas de la imagen también se detiene a escudriñar en la imagen que el pintor tenía de sí mismo. Y lo hace, especialmente, a través del autorretrato que hoy se conserva en la National Gallery, ejecutado hacia 1668-70. En él Murillo se representa con la mirada atenta e inteligente y una indumentaria que denota buena posición. Pero lo más importante: también como un pintor dotado de "ingenio", enmarcado, a modo de juego entre la pintura, la escultura y la realidad, por una moldura ovalada de piedra que simboliza que su gloria artística sobrevivirá al paso del tiempo.

En la parte inferior del citado lienzo aparecen instrumentos relacionados con su profesión: a la derecha, una paleta y varios pinceles, a la izquierda, un papel enrollado que contiene un dibujo a la sanguina, un compás, un lápiz y probablemente una regla. Murillo se reafirma, así, como un artista intelectual, donde la base de sus obras es la medida y el dibujo, mientras que el color tiene un valor subordinado. La dedicatoria del lienzo "A sus hijos", sostiene Navarrete, iría dirigida no tanto a los biológicos sino a sus discípulos o seguidores, en una ostentosa demostración de la creencia íntima en la inmortalidad de su arte.

Por último, Navarrete -que estuvo este jueves acompañado en la presentación por el arzobispo, Juan José Asenjo; el alcalde, Juan Espadas y el profesor Peter Cherry- propone cuatro nuevas atribuciones al catálogo de Murillo. Por un lado, el retrato del venerable Padre Contreras, que pertenece a la colección municipal del Ayuntamiento de Sevilla; unas Lágrimas de San Pedro y una Sagrada Familia, en sendas colecciones particulares, y por último el retrato de uno de los principales promotores del artista, Diego Ortiz de Zúñiga, conservado en una colección de Penrhyn Castle, al norte de Gales.

LIBROS.- Cartografía murillesca. Año de Murillo MMXVII. Los pasos contados, Sevilla 2017.

BELTRÁN MARTÍNEZ, Lidia; QUILES GARCÍA, Fernando (editores): 

Cartografía murillesca. Año de Murillo MMXVII. 
Los pasos contados, Sevilla 2017.



Índice

ABC de Sevilla (9/12/2017).- Murillo, el pintor más cotizado de su tiempo



Murillo, el pintor más cotizado de su tiempohttp://sevilla.abc.es/cultura/arte/sevi-murillo-sevilla-murillo-pintor-mas-cotizado-tiempo-201712090342_noticia_amp.html


Una nueva biografía de Pablo Hereza señala que sus ingresos por la pintura, propiedades y en la carrera de Indias le proporcionaron una buena posiición social y una gran libertad creativa

SEVILLA
No es ningún secreto que Bartolomé Esteban Murillo fue uno de los artistas más valorados de su tiempo, con numerosos encargos en Sevilla, algunos de ellos del esplendor del retablo de Capuchinos que exhibe desde hace dos semanas al completo el Bellas Artes de Sevilla. Lo que se desconocía hasta la fecha es que el artista sevillano fue el mejor pagado del siglo XVII, superando la cotización de sus obras a las de contemporáneos como Diego Velázquez, Alonso Cano y Francisco de Zurbarán.

Esta es una de las conclusiones que aporta el primer volumen del «Corpus Murillo», del historiador del arte y conservador de museos, Pablo Hereza, cuyo primer volumen consagrado a la biografía y documentos del pintor acaba de publicar el Ayuntamiento de Sevilla con motivo del Año Murillo, que conmemora los cuatro siglos de su nacimiento.
A este seguirán otros dos volúmenes, con el catálogo razonado de pinturas y dibujos que se publicarán, el primero, a finales del próximo año y, el segundo, en 2020. De esta forma, el pintor contará con un «corpus» similar al que cuentan Velázquez o Zurbarán, y que permitirá, según su autor, «construir un Murillo no historiográfico, sino histórico, sin juicios de valor».

Este primer volumen presenta una biografía de Murillo realizada a partir de la revisión de un corpus documental de 262 noticias revisadas y analizadas, entre ellas 26 inéditas, que han permitido «corregir errores y abrir nuevas vías de investigación», explica el historiador sobre el fruto de una década de trabajo.
Una que ayuda a definir la figura de del pintor es la comparativa de las cotizaciones de las obras de los grandes artistas barrocos y que muestran a Murillo como el artista más cotizado de su tiempo. Según recoge este investigador, este llegó a cobrar por una vara cuadrada de su pintura —una superficie de unos 84 centímetros por cada lado— de 600 a 800 reales en su periodo central.
Frente a estas cifras, Zurbarán cobró unos 200 reales por vara cuadrada por las pinturas que realizó para el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid; mientras que Alonso Cano percibió 388 reales por vara en el lienzo de los Reyes Católicos para el Alcázar; y Velázquez obtuvo unos 330 reales por «El aguador de Sevilla», de poco más de una vara.

Dominio del mercado

Estos precios, explica este investigador, presentan a un pintor que «dominó el mercado sevillano» y superó «en muchos casos la de los principales pintores de la corte», lo que se explica, «más allá de las excelencias artísticas equiparables», por la «independencia comitencial» de Murillo, es decir, por la libertad creativa que supo ganarse con su pintura, que supo vender no tanto como arte sino como «un medio de comunicación espiritual».
La libertad que logró Murillo le permitía negociar con sus contratistas para tratar de que prevalecieran sus criterios artísticos
Esta libertad se manifiesta en que si bien no podía rechazar los grandes encargos de la Catedral o los conventos, sí podía, además de seleccionar los privados, «negociar» con sus contratistas para «tratar de que prevalecieran sus criterios artísticos».
Es el caso, añade el historiador, del encargo que le realizó un canónigo para la sacristía de Catedral de Sevilla. Este le pidió dos cuadros que representaran a dos arzobispos cada uno y al final se impuso la idea de Murillo de que las obras representaran a San Leandro y San Isidoro.
Esas altas cotizaciones de Murillo, continúa, son resultado también de su rechazo a las reproducciones iconográficas de taller y encargos seriados. «De su taller no salen obras que no fueran excelentes».

 
El historiador y conservador Pablo Hereza, autor del «Corpus Murillo»-JESÚS SPÍNOLA
A lo que se suma su independencia de gremios e intereses cortesanos, que sí ataban estos últimos a Velázquez o Alonso Cano, y que determinaban a la baja sus precios. «Con todos estos rechazos, Murillo se posiciona como un artista que, con un extraordinario dominio curricular, controla su prestigio y exclusividad».
«Murillo pide lo que cree que valen sus obras. Su posición de venta es desde la excelencia más absoluta. Pertenece a la Hermandad de la Santa Caridad y cuando pinta los cuadros le pide a Miguel de Mañara unas cantidades increíbles. Eso es una muestra de su dignidad pictórica», señala.
La venta de sus obras permitió a Murillo tener la independencia de una posición desahogada, a la que contribuyeron también la gestión de sus bienes inmobiliarios en Sevilla y propiedades en Pilas, de donde era su esposa, Beatriz de Cabrera.
El pintor invirtió su excedente monetario en la carrera de Indias, lo que le provocó que en un momento de falta de liquidez fuera a parar a la cárcel
Además, el excedente monetario que tiene lo invierte en la carrera de Indias, que da intereses entre el 60 y el 90% de lo invertido y ganancias en plata americana. Un negocio, sin embargo, con alto nivel de riesgo, que le llevará en un momento de falta de liquidez a pasar por la cárcel.
Hereza mantiene que la atención del pintor a todas estas fuentes de ingresos no responde a que fuera un «tiburón económico.Si hubiese querido hacer dinero, se hubiera dedicado a la pintura de género, que se la hubieran quitado de las manos en el extranjero. La obsesión de Murillo, húerfano y que venía de una familia amplia, era, en cambio, que su familia tuviera un bienestar y evitar que cayera en la amenaza constante de la pobreza».

Sin vanidad barroca

Otros rasgos del carácter del pintor que destaca el historiador en su biografía es su religiosidad, marcada por los franciscanos y Miguel Mañara, que le llevan a entender la religión como «una acción social» o su rechazo de las pretensiones nobiliarias que tuvieron contemporáneos suyos como Velázquez.
«No tiene vanidades barrocas, sino que se sentía como un eslabón de la historia de Sevilla, un artista que no hubiese sido Murillo de no haber nacido o permanecido en la ciudad». En esa necesidad de «devolver lo que puede» inscribe Pablo Hereza su papel en la creación de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, ya que «entiende que lo mejor que puede hacer por los pintores es mejorar su formación».
Estos y otros muchos detalles que este historiador plantea en su biografía dibujan «una de las personalidades más respetadas e íntegras del seiscientos sevillano, basada simplemente en la normalidad vital, en profundas convicciones religiosas y en la independencia intelectual y profesional, fórmula para una obra extraordinaria que no dejó indiferente a su generación ni a las posteriores».

Murillo. Guía de recursos didácticos

Murillo.  Guía de recursos didácticos http://www.murilloysevilla.org/wp-content/uploads/Guía-Murillo_baja.pdf © Ayuntamient...